TSUBURAYA: LA VIDA POR UNA MEDALLA

EN GENERAL LOS DEPORTES NOS DAN A CONOCER HISTORIAS CON FINALES FELICES, CON EL PROPÓSITO DE OTORGARNOS ESE IMPULSO DE SUPERACION QUE A VECES TANTO NECESITAMOS EN LA VIDA. PERO EN OTRAS OCASIONES, COMO EN LA HISTORIA A CONTINUACIÓN,  EL DESENLACE NO ES IDEAL Y OBLIGA A LA REFLEXIÓN. 

  «Lo importante no es ganar, es competir»

Frase Del Barón Pierre de Coubertain al darle vida a los Juegos Olímpicos modernos. Y si, ese concepto es el ideal al momentos de competir. Pero a veces las ganas y la presión por la victoria pueden ser más fuerte, y es ahí cuando la mente no es capaz de superar situaciones adversas, y cuando las cosas no salen según lo planificado, pueden suceder tragedias como la ocurrida al japones Kokichi Tsuburaya, que tenia un gran presente y futuro como atleta, pero la obsesión por triunfar y demostrar su valía, lo llevo a tomar una terrible y drástica decisión.

KOKICHI TSUBURAYA

Nació el 13 de mayo de 1940, en la región de Fukushima. A los 19 años ingresó a la Fuerza de autodefensa de Japón, en donde comenzó a desarrollarse como atleta, destacando en las pruebas de fondo: 5.000 mts, 10.000 mts y la maratón. Siendo esta última su especialidad.

En pocos años se convirtió en uno de los mejores fondistas del país, logrando ser seleccionado en el equipo de atletismo para los JJOO de 1964, que justamente se disputarían en Tokyo.

KOKICHI RODEADO DE SU FAMILIA

Para los nipones eran un orgullo acoger estos juegos de verano, y era la situación apropiada para cambiar la imagen que el mundo seguía teniendo de ellos a más 20 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Para eso la organización seria perfecta. Pero ademas el gobierno quería demostrar que eran una potencia en lo deportes, por lo que la misión era lograr la mayor cantidad de medallas posibles.


#DATO Tsuburaya fue primer teniente en las Fuerza armada japonesa


TOKYO 1964

Al pasar los primeros días, el objetivo se estaba logrando, ya que las medallas comenzaban a llegar de la mano de algunas disciplinas, tales como boxeo, la gimnasia, el judo, la natación y el voleibol entre otras. El atletismo estaba en deuda. De hecho lo hacia desde hace 28 años, ya que la última vez que un atleta japones se subió a un podio fue en los JJOO de Berlin 1936.

La primera prueba en que Tsuburaya se hizo presente, eran los 10.ooo mts planos. No era candidato al oro, pero igual logro aguantar y corrió en el grupo de avanzada hasta el kilometro 6 más menos. Ahí fue cuando los favoritos comenzaron a marcar diferencia. Al final nuestro protagonista finalizo en un sexto lugar más que digno para ser su primera presentación olímpica. Ademas funcionó de calentamiento para lo que se venia: la maratón, su prueba favorita.

 

La prueba que recorre 42 kms y 195 mts, es la prueba olímpica por excelencia por decirlo de alguna manera. Se realiza desde los primeros juegos – Atenas 1896– y es la razón por la cual se le da el privilegio de ser la última prueba en disputarse. Cierra los Juegos olímpicos.

Kokichi Tsuburaya, al igual que en los 10.000 mts, no estaba dentro de los principales candidatos para ganar la carrera. Incluso no era ni siquiera el mejor exponente japones. Ese rol era para Toru Teresawa, que en el pasado había tenido por un par de meses el récord mundial. Además se encontraban grandes exponentes de las pruebas de fondo, como el norteamericano Buddy Edelen y el británico Basil Heatley- Pero todos los ojos estarian puestos en el etíope Adebe Bikilia, que cuatro años artes en los juegos de Roma, había asombrado al mundo tras ganar el oro en la maratón corriendo descalzo. Así es. En buen chileno, ¡corrió mas de 40 kms por asfalto a pata pelá! Una historia que ya les contare.

En esta ocasión el fondista de Etiopía si se puso zapatillas aptas para correr, y rápidamente le saco ventaja a todos sus rivales, demostrando una amplia superioridad. Cuando ingresó al Estadio Olímpico de Tokyo para recorrer los últimos metros de la prueba, se le veía relajado y su rostro no mostraba rasgos de cansancio. Bikilia conseguía el oro nuevamente, y de paso le bajó un minuto al actual récord mundial. Un fuera de serie.

En un momento, las 70.ooo almas que repletaban el recinto, apartaron su vista del ganador, y la fijaron en el túnel del estadio. Los gritos se multiplicaron cuando divisaron que un atleta japones ingresaba a la pista en el segundo lugar. Era el N°77: Kokichi Tsuburaya. Inmediatamente el estadio completo comenzó a apoyarlo y animarlo para alcanzar la presea de plata. Los exclamaciones pasaron de alegría a preocupación aumentaron cuando pocos metros detrás de su compatriota, apareció el experimentado atleta británico Basil Heatle, que amenazaba con quitarle ese segundo lugar. Quedaban los últimos 200 mts y parecía que Tsuburaya iba a conseguir el objetivo, impulsado por las gente en las tribunas. Pero repentinamente el su perseguidor cambio de ritmo y metió un sprint final que fue imposible remontar para el nipon, y finalmente se hizo con el bronce.

Lo conseguido por Tsuburaya fue épico. Logró meter a su país en un podio en el atletismo después de 28 años. Desde que cruzo esa meta, el pueblo japones lo convirtió inmediatamente en héroe.


#DATO Japón finalizó en el tercer lugar del medallero con 16 oros, 5 platas y 8 bronces


Su rostro reflejaba el cansancio y esfuerzo que le había costado terminar la carrera. Esa era la impresión obvia que todos los presentes veían. Pero en realidad por la cabeza del atleta pasaba otra cosa muy lejana a eso, estaba viviendo una pesadilla.

EL PODIO

Lo que Kokichi Tsuburaya no sabia, es que esto era solo el comienzo.

EL SUEÑO O LA MUERTE

El mundo entero admiraba al maratonista por la proeza realizada. Pero él solo sentía vergüenza y frustración por dejarse adelantar y perder la medalla de plata al frente de su pueblo. La humillación era demasiado grande, y para Tsuburaya había solo una manera de remediarlo.

A las pocas horas de finalizada la carera, le confesó a un compañero suyo:

HE COMETIDO UN ERROR IMPERDONABLE ANTE TODO EL PAÍS, ME HE CONFIADO DEMASIADO, Y SOLO OBTENDRÉ EL PERDÓN SI GANÓ EL ORO EN MÉXICO 68

Kokichi solo tenia una cosa en la cabeza. Prepararse de la mejor manera posible por los próximos 4 años para lograr su objetivo en los siguientes JJOO. Si no, su mente y alma no podrían estar en paz.

El gobierno escuchó su deseo, y conscientes de su potencial, le armaron un plan de trabajo fiel al estilo japones: disciplina estricta y un minucioso entrenamiento. Y en culturas como la nipona, a las autoridades se les hace caso en todo, sin alegar. Para que no sufriera desconcentraciones, fue alejado de su familia, como también de su novia, que tenían planificado contraer matrimonio en 1966. Habia que dejar todo de lado para lograr el sueño de la presea dorada. ¿Lo habra logrado?

Como podrán imaginar, fueron años difíciles de preparación. Con rutinas de ejercicios, dieta estricta y un régimen prácticamente militar. Además de estar recluido del mundo y sus seres queridos. Pero el deseo de Tsuburaya por revindicarse era mas fuerte, y sorteaba sin problemas los entrenamientos. Pero en 1967 llegaron los problemas físicos en su espalda, lugar del cuerpo que el atleta había sufrido dolores crónicos toda su vida. Y la dura carga de trabajo le terminó pasando la cuenta. O quizás fue el stress y tensión mental a la estaba sometido. Lo cierto es que a raíz de esto, tuvo que pasar algunos meses en el hospital para recuperarse al 100%.

Cuando le dieron el alta medica, retornó inmediatamente a su régimen estricto. Pero había un problema. Tanto tiempo en recuperación, le hizo perder la forma física, y su cuerpo no era el mismo que hace un par de meses atrás. Tsuburaya sentía que sus piernas no reaccionaban como el quería. Años de duro entrenamiento se habían desvanecidos. Y faltaba menos de un año para la cita olímpica.

 

TSUBURAYA Y SUS COMPAÑEROS DE ENTRENAMIENTO

Era el 9 de enero de 1968 -a nueve meses de los JJOO- y todo el equipo de atletismo se encontraba puntual tomando desayuno en el comedor como todos los días. Pero Kokichi Tsuburaya no estaba. Pasaban los minutos y el maratonista seguía sin aparecer. Sus compañeros extrañados por la situación, decidieron subir a su habitación a buscarlo. Jamas imaginaron la escena con que se encontrarían. Tsuburaya estaba en el suelo muerto, tras haberse cortado las muñeca con una hoja de afeitar. En una de sus manos agarraba firmemente la medalla de bronce que había ganado años antes. 🙁

La presión fue demasiada. Y al darse cuenta que no podía cumplir sus expectativas, y que a su modo de ver las posibilidades de fracasar y defraudar al gobierno y el pueblo nuevamente eran altas, tomo esta decisión.

Estaba cansado, tanto mental como físicamente.

En su carta de despedida le escribió a su familia. A sus compañeros y entrenadores les dejo el siguiente mensaje: «Siento mucho crear problemas mis instructores. Les deseo éxito en México»

Para algunos la salida tomada por Tsuburaya se debe a la ideología milenaria de los japoneses que veían el suicidio como un acto honorable. Algo así como: si no puedo cumplir, para que vivir. Pero para muchos es un claro ejemplo que los deportistas y atletas tienen un gran peso sobre sus hombros, debido a las altas, y a las excesivas expectativas que muchas veces se generan entorno a ellos.

Kochichi Tsuburaya dejo escrita una frase en su carta de despedida, que para mi al menos, deja en claro como lo estaba pasando en aquel momento de su vida:

«ESTOY DEMASIADO CANSADO PARA SEGUIR CORRIENDO»

Para reflexionar.

En Japón le rindieron un homenaje a su héroe con un pabellón en un museo, en donde se pueden apreciar cosas personales de Tsuburaya.

 

 

 

 

 

 

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